Oct 17 2010

De “culos” y de “traseros”

Me niego a aceptarlo. No quiero parecer mojigato. Solo quiero iniciar una campaña de defensa del español que hablamos de este lado del atlántico.

La edición número 45 de Agosto de 2010 de la Revista DON JUAN trata en su artículo central sobre “El mejor culo de Colombia”. Gráficamente excelso. Excelentemente acompañado en forma visual. Es uno de esos temas que lo enriquecen espiritualmente a uno de una forma que ni la “IEEE Spectrum”, “PC magazine” o “Popular Mechanics” logran complementar y de paso le hacen a uno agradecer la suscripción.

Mi problema está en el artículo que acompaña las fotos (Si. Yo leo los artículos) escrito por Fernando Quiroz, habitual redactor de la revista. En este hace un recuento de la palabra ‘culo’ con una anécdota de la tía de él en visita por España y de lo sonrojada que se puso por la común expresión del término en lengua de muchos y en contra de los términos que usamos en nuestro lenguaje bogotano.

En ese mismo tono y estilo le leía a Daniel Samper Pizano en uno de sus conocidos ‘Postres de Notas’ algunas líneas en favor de los términos usados en la Iberia y no los comunes de indias.

Me niego a aceptarlo. Se está volviendo moda entre varios parroquianos del común estar corrigiendo al resto porque “en España se dice así”. No.  Basta de arribismos chauvinistas. Es más. Basta de querer lucirse en morbo a costa del pudor ajeno, porque en nosotros los colombianos normales no es más que eso.

Tengo un amigo Networker llamado Alejandro Bartivas. Español de toros y no de fútbol. Español de España. Y en absolutamente todas las discusiones y charlas que hemos tenido nunca lo he escuchado corrigiendo a alguien por mirarle el “trasero” o los “senos” a una mujer.  Él, como buen casto varón latino que se respeta, simplemente contextualiza en situación y disfruta, pero nunca le he escuchado corrección alguna con respecto a “esto se dice así o asá”.

Hace muchísimo que no viajo a España. Desde 1986. Pero de los recuerdos tengo el de lo pesado que puede ser para un bogotano el lenguaje del común de la gente allá. Mi señora me recordó lo mismo de su viaje hace poco a Madrid. Que le vamos a hacer. Es su forma de ser. Su crianza. Y Alejandro Bartivas me lo recuerda cada rato. Pero eso, precisamente eso es un rasgo cultural, y no significa que de este lado nosotros lo hagamos mal.

Qué pena con los arribistas pero en Bogotá y en Colombia en general nos criamos con expresiones como “trasero” y como “senos”, no con expresiones como “culos” y “tetas”, y todos los de acá, sin excepción, los entienden y aceptan. Las palabras “culo” y “tetas” son perfectamente válidas. No son ningún vulgarismo. Pero al común culto de nuestra gente le choca. Como es el caso de la tía del señor Fernando Quiroz. Y le choca porque en nuestro español “cantado”, como le dicen en el cono sur a nuestro acento se vienen acuñando desde hace muchísimos más años de los que tenemos el señor Fernando Quiroz, Daniel Samper Pizano o yo sinónimos para expresarlo de una forma menos cacofónica.

No me las voy a dar de súper culto, o de versado en cuestiones del idioma, siempre sufrí en clases de español en el colegio, y si no es por el corrector de errores de MS-Word la pasaría bastante mal. Pero este tema para mi toca un punto que se pasa de sensible a harto.

La evolución de la lengua es muy compleja y muy rica en matices y formas. Yo puedo decir en una calle bogotana: “voy a coger el bus”, pero eso no debo decirlo en ciudad de México. Claro, puedo decir: “me voy a tirar” y les aseguro que en el sur-sur probablemente no le den el significado que nosotros le damos. La cosa es que en ningún lado te andan corrigiendo. Si mucho sugiriendo. Pero queda claro que las variaciones de la lengua dan para eso.

Ese afán de algunos de creerse superiores y por ende, andar corrigiendo, lo hemos sufrido muchos desde épocas de colegio cuando cortesía de la crianza tradicional teníamos que estudiar inglés y, o sorpresa, uno se encuentra que solamente a uno lo corrigen los coterráneos, porque si tiene la oportunidad de viajar a países anglo parlantes como lo he hecho desde los 14 años, uno nota que lo hace medio bien como para subsistir y hacerse entender sin pretendidas exageraciones, y no lo están corrigiendo. Pero en el caso particular del español de España comparado con el nuestro, la palabra “culo” adquiere una dimensión extra, y lastimosamente no en el buen sentido, porque pretende apoyarse en lo cacofónicamente chocante que es para todos los que nos criamos acá y en la erróneamente mala connotación vulgar que con el correr del tiempo se le ha dado, para de paso, darle un falso sentido de importancia a quien hace la corrección que se alimenta del pudor generalizado de su pronunciación dentro de la población medianamente culta, pretendiendo él hacerse pasar por ser más culto.

Yo si quisiera ver a alguno de estos ilustrados evangelizadores de la lengua, si en la mitad del mercado en Madrid son capaces de empezar a corregir a la gente que va a comprar con la excusa de que “hay que llamar las cosas por su nombre”:

  • ¡Que no se dice maíz. Se dice ‘Choclo’!. ¿Qué no ven que es originaria de América?
  • ¡Que no se dice ‘Piña’, se dice ‘ananá’!. Es originaria de Sudamérica.
  • ¿Cómo si pueden pronunciar por su nombre original la palabra ‘cacao’ que es una fruta americana?

No. Las anteriores correcciones no las van a hacer por dos razones: Primero, Palabras como ‘ananá’ o ‘choclo’ no son altisonantes para la cultura ibérica y no tienen alguna errónea interpretación vulgar. Segundo, por arribistas no van a corregir a quien pretenden parecerse.

Es por eso que mi diatriba es contra los que pretenden corregir a los que hablamos español bogotano. Quiero en mi blog, como buen reconocido cascarrabias que soy, sentar un precedente para que dejen de empujarnos palabras como ‘culo’ o ‘tetas’ con las cuales algunos no nos sentimos cómodos y simplemente dejen de imponernos su chauvinismo. Nuestra cultura popular le tiene reemplazo aceptado por la Real Academia y es lo que pienso defender. “Trasero” y “senos”

Tal vez en un futuro lejano yo tenga la posibilidad de acceder a la sabiduría de mi amigo Alejandro Bartivas y entienda que, dígase ‘culo’ o ‘trasero’ lo importante es el mensaje que este lleva en sí, y no me voy a poner a corregírselo a todo el mundo. Diga lo que quiera como quiera el tal es que claramente se haga entender. Pero mientras llega ese día pretendo defender ‘nuestro’ español.

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